Si vas a Tailandia, estarás emocionado; un país tan lejano, tan bello y con tantos contrastes, ¡es para estarlo! Seguro que has comenzado a informarte y, como nosotros, a realizar un buen planning con el objetivo de aprovechar todo lo posible tu estancia allí. Es entonces cuando a lo mejor algunos conocidos, compañeros y amigos te indicarán que hace años ellos estuvieron, no te extrañe, es un país muy turístico, elegido en muchísimos casos como destino en los viajes de recién casados; la belleza de sus playas y la hospitalidad de su gente son buenos motivos. Es así como comenzó nuestro viaje, y puede que el tuyo.

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Cuando comiences a planificar tu viaje seguro que ves en diversas páginas web multitud de atracciones para turistas donde el principal protagonista es el elefante; desde masajes realizados con su trompa, paseos a lomos de estos maravillosos mamíferos o espectáculos donde los elefantes muestran sus habilidades de forma aparentemente divertida y espontanea. Todo preparado para que el turista disfrute, pague y se aleje de este país con un bonito recuerdo. Todo es felicidad y diversión ¿Qué daño puede hacer? Los elefantes son todo un símbolo de Tailandia, los cuales se encuentran ampliamente representados en templos y esculturas por todo el país. Así mismo, el elefante blanco es un animal sagrado, siendo un símbolo de la realeza tailandesa. Por desgracia, en la actualidad los elefantes están en peligro de extinción, debido a la deforestación (pérdida cada vez más pronunciada de su hábitat natural) y a la caza masiva, cuyo objetivo no es otro que conseguir el marfil de sus dientes y colmillos. Actualmente, un gran porcentaje de los elefantes de Tailandia se encuentran en cautiverio y su vida se limita a entretener a los turistas en circos, zoos o falsos santuarios. Es un negocio muy lucrativo, un negocio cruel que enseña a los turistas una falsa cara amable.

Durante la planificación de nuestro viaje, mucha gente me comentó sus impresiones al montar a los elefantes en Tailandia. Una atracción que se limita a unos minutos para los turistas, y toda una vida de cautiverio y maltrato para los elefantes. Pero la sensación general de todos ellos era que no se les veía tan mal, no debían sufrir tanto… Es por esto que escribo este artículo.

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¿Cómo un animal que puede llegar a pesar 5 toneladas se muestra tan sumiso con el hombre? Todo comienza cuando la cría de elefante es separada de su madre de forma traumatica, y comienza el adiestramiento, llamado Phajaan (“romper el alma” o “romper el espíritu”). Para ello, las crías son introducidas en jaulas, atadas con gruesas cadenas y maltratadas durante días. Durante dichos días se les priva de comida, bebida y sueño. La experiencia del Phajaan deja a los elefantes tan traumatizados que se convierten en animales sumisos. Y así, comienza el espectáculo.

Durante su vida en cautiverio los elefantes siempre están acompañados por su cuidador, llamado mahout, los cuales utilizan para su adiestramiento un ankus o bullhook, herramienta utilizada para dominar a los elefantes. Se trata de un palo con un gancho en el extremo, con cuya simple amenaza los intimida, haciéndolos totalmente sumisos. En muchos casos, los mahout no solo amenazan, sino que maltratan brutalmente a los elefantes, por lo que es común ver heridas en sus orejas y cabeza.

¿Existen santuarios reales?

Cuando planificamos nuestro viaje, comenzamos a buscar santuarios o centros reales de rescate y recuperación. Habíamos leído que se podían visitar varios centros respetuosos con los animales, y de esta forma contribuir con los gastos que supone cuidar a los elefantes. Pero, cuidado, muchos antiguos centros donde se explotaban (y siguen explotando) a los elefantes se hacen llamar santuarios o centros de recuperación, intentando de esta forma engañar al turista, ya que en los últimos años cada vez hay más gente que apuesta por un turismo responsable. Entonces, FAADA publicó en su página de facebook un artículo que os recomiendo mucho, en el que Sara Hernández Cofiño (¡gracias Sara!) relataba su experiencia como voluntaria en un santuario concreto, el Elephant Nature Park. Ya habíamos leído muchos comentarios en diversas páginas sobre la autenticidad de este santuario, y sobre Lek Chailert, su extraordinaria fundadora. Tras leer este artículo, ya teníamos claro donde ir.

Un santuario real: Elephant Nature Park

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Tras varios días conociendo el país aterrizamos en Chiang Mai, zona norte de Tailandia que nos enamoró ya en el aeropuerto; increíblemente verde, espectacular. Además, la amabilidad y hospitalidad de todo aquel al que preguntamos o encontramos por el camino nos sorprendió muy gratamente. A los dos días de estar allí llegó la fecha señalada, día que teníamos reservado para pasar el día en el santuario. Estaba emocionada, deseando llegar.

Si entráis en la página de Elephant Nature Park veréis que en la sección de visitas y voluntariado tienen disponibles distintas opciones; desde visitas de un día hasta un voluntariado de 7 días. Nosotros, al no disponer de más tiempo, decidimos elegir la visita de un día (Single Day Visit), que tiene un horario de 7:40 a 17:30 aproximadamente.

Y por fin llegó el sábado, y nos fueron a buscar al hotel en una furgoneta (hay opción de ir al centro directamente o que te recojan en el hotel donde te encuentres hospedado). Allí coincidimos con un chico español muy simpático, recuerdo que dijo que era de Madrid, una pareja que venía de argentina y otra pareja de chicos franceses, y comenzamos el día camino al santuario. El trayecto es de aproximadamente una hora y media (75 km), en la que hacen una parada para tomar algo o comprar agua. Además, en ese viaje pusieron un vídeo en el que explicaban el maltrato que sufren los elefantes, y la labor que hacen en el Elephant Nature Park. Ese vídeo tenía imágenes muy duras y, aunque ya me había informado acerca de métodos como el Phajaan, recuerdo que me entristeció mucho, aunque las imágenes del santuario me parecieron esperanzadoras <3

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Una vez que llegamos allí, nuestro guía se presentó y comenzamos una ruta por el santuario. El lugar elegido para los elefantes no puede ser más idílico; un extenso valle con un rio donde los elefantes se pueden refrescar. Un entorno ideal para que los elefantes rescatados disfruten de la libertad que se merecen, de tranquilidad y paz junto a la manada. Además, el Elephant Nature Park no solo acoge a elefantes, sino que también rescata perros y gatos abandonados, a los que busca una familia que los adopte.

Durante la visita, la interacción con los elefantes siempre es respetuosa. Evidentemente, no se monta en ellos ni realizan espectáculos. Tal como se indica en la página de FAADA (turismo responsable) la columna vertebral de los elefantes no pueden cargar mucho peso, por lo que las sillas que les colocan para que los turistas puedan montar (que ya tienen un peso considerable) más el peso de los propios turistas provocan lesiones muy graves en su columna, así como rozaduras y lesiones dolorosas provocadas por las cadenas, sillas y cuerdas. Durante nuestra estancia allí tuvimos sentimientos encontrados, de felicidad al verles en libertad y autentica pena y estupor al ver las lesiones irreparables que tenían la mayoría de los elefantes: muchos ciegos debido a la larga exposición a focos, patas rotas, lesiones muy evidentes en cabeza y orejas como consecuencia del maltrato, etc., sin contar con los traumas psicológicos.

Nuestro guía nos presentó a muchos de los habitantes del santuario, y nos contó la historia de cada uno de ellos, su nombre, como le rescataron, etc. Recuerdo que una de las cosas que más ilusión me hizo fue ver familias enteras, con niños pequeños, apostando por un turismo responsable, inculcando esos valores a los más pequeños. Tengo claro que la educación desde la infancia lo es todo, tanto en la alimentación como en el trato que darán el resto de su vida a los animales. Además, tuvimos la suerte de disfrutar de los juegos y travesuras de los elefantes más pequeños (nacidos en libertad en el santuario), muy protegidos por la manada. Me encantó verles tan felices, jugando, disfrutando, como cualquier bebe.

Comida buffet vegetariana en el ENP

Tras la primera visita al santuario pudimos disfrutar de una comida vegana deliciosa, de tipo buffet, y aprovechar para ir a la tienda a comprar alguna camiseta, pulseras, etc., con cuyas compras también se colabora con los gastos del centro. Además, pudimos disfrutar de los mimos de los gatos y perros que pasean por allí y de conversaciones interesantes con toda la gente que había decidido apostar por un turismo responsable (¡me encantó ver a tantos españoles!).
Tras la comida, nuestro guía nos estuvo explicando la diferencia entre los elefantes asiáticos (como los que habitan el santuario) y los elefantes africanos, nos enseñó el centro veterinario y nos presentó a algunos habitantes más del santuario. Finalmente, sobre las 15:30 – 16:00 partimos de nuevo a Chiang Mai, con la sensación de que esta experiencia me había marcado para siempre.

¿Y ahora qué?

La visita al Elephant Nature Park nos animó a volver como voluntarios este próximo año, en el programa de 7 días de voluntariado que ofrece ENP y nos mostró la realidad de los elefantes en este país (donde el mayor porcentaje de explotación es por y para turistas). No obstante, me enseñó algo realmente importante, y es como el amor y perseverancia de una gran mujer (Lek Chailert) puede hacer templar negocios lucrativos instaurados desde hace años en el país, obligando a muchos centros a mentir o intentar encubrir sus prácticas de maltrato. Aún queda mucho por hacer, espero que este artículo (u otro de los muchos que abogan por un turismo responsable) te llegue si vas a ir a Tailandia, y espero que decidas visitar a las manadas de elefantes que viven en el santuario Elephant Nature Park, donde viven en paz, como tenía que haber sido desde el principio. Estoy segura de que disfrutarás muchísimo, te reirás, compartirás experiencias, conocerás gente majísima de todos los países, verás animales en libertad, felices con sus crías y serás parte de un verdadero cambio, un cambio que merece la pena, porque no es necesario que nadie sufra para que nosotros podamos viajar, y disfrutar del viaje. Te aseguro que será una experiencia inolvidable.

Ni zoos con animales ni zoos humanos

Aunque se trata de un tema delicado, que puede dar para múltiples debates, existen otras “atracciones”en Tailandia, igualmente dirigidas meramente a turistas, cuya ética personalmente me parece cuestionable. La visita a las llamadas mujeres jirafa es una de ellas; refugiadas birmanas encontradas en el campo de refugiados y en la que inmediatamente se vio un negocio lucrativo donde sacar todo el dinero posible. Lo que para ellas era una tradición pasó a ser su medio de subsistencia, por lo que se sigue manteniendo hasta nuestros días, colocando a niñas de 5 años en adelante los típicos anillos que deforman las costillas y clavícula. En este caso creo que los turistas no son conscientes del problema que existe, por lo que animo a indagar en su realidad.

 

Os dejo la imagen del santuario; la foto es preciosa y vivirlo, una de las mejores experiencias de mi vida 🙂 .

 
ENP